Feels

Me curé de ti

Una vez mientras transcurría un día, de esos que piensas que no tienen nada de especial, alguien me preguntó de ti. Sonreí y le dije con los hombros que no sabía, en el mismo instante mi mente comenzó a correr como “rata en quemazón” hacía los recuerdos, corrió a buscar en los archivos actuales sobre la información más nueva sobre ti, luego fue a la última vez que hablamos y lo último de lo que nos reímos. Repasó las fotos juntos, los momentos contigo y por ti. Fue cuestión de minutos darme cuenta que ya no había cosas nuevas que contar, que la última actualización era obsoleta y la única respuesta que vino a mi mente eran las palabras “ya fue”.

Fue extraño, pero lo que quedaba del día lo dediqué a ti y me di cuenta que ya no me estremecías, que cuando escuchaba tu nombre, mi cuerpo y mente se mantenían en uno mismo. Los recuerdos se volvieron momentos que seguro atesoraré por el resto de mi vida, momentos increíbles que jamás pensé vivir y que agradezco a la vida haber tenido la oportunidad de haberlos pasado. Las cosas que me lastimaron, ahora eran enseñanzas que me han servido para valorarme, para saber de lo que soy capaz y lo que no quiero volver a vivir.  

Me di cuenta que ya no me volvía loca no saber de ti, que mis redes sociales podían seguir su rumbo con la naturalidad normal. Que esa ansiedad por saber si estabas, si no; si ibas o venías; si te ibas o te quedabas, ya no existía. Me regresaron las canciones que me daban anécdotas y no amargos tragos. Los lugares nuevos ya eran sólo para mí y no paisajes que añoraba compartirte. La gente tenía razón y los cambios fueron buenos, difíciles pero sirvieron. Me ayudaron a soltarte, a dejarte ir, a pasar la pesada página. 

Me sentí feliz de saberme desintoxicada de ese veneno que volví mi adicción. Pude darme cuenta que no fuiste malo en ningún momento conmigo, pero tú sin saberlo, me lastimaste como nadie nunca lo había hecho. Hice consciente que te quise de la peor manera en que se puede querer, porque en la necesidad desesperada de ti, me perdí. Perdí mi centro y mi identidad. Olvidé quién era, lo que quería ser y viví para ti. 

Ahora estoy rehabilitada. Te recuerdo con cariño, soy feliz de tu felicidad, entiendo lo que viniste a hacer a mi vida y por eso, te estaré eternamente agradecida. Te perdoné y, lo más importante, me perdoné por haberme dejado en ese abandono en el afán de continuar algo siempre supe que tendría la caducidad más corta que un yogur afuera del refri en temporada de calor. 

Vengo del futuro y sí, parece ser que un buen día, me curé de ti.