Feels

Madrugada dolorida

Levanten la mano las otras mujeres que como yo, sienten que pueden hacer y hacer las cosas que sabes que van a terminar lastimándote, pensando en que puede acabar diferente, pero que en el fondo de tu corazón sabes que estás dirigiéndote justo al mismo final. ¿Nadie? Ok, sabía que era la única que nada más no aprende.

Si alguna vez han pasado por una situación parecida, ¿no se han detenido a preguntarse, qué necesidad tengo que hacerme sentir tan mal? ¿Por qué sigo buscando finales felices donde sé que solo va a haber corazones rotos? ¿Qué estamos esperando, mi querida Yo? Pareciera que lo que busco, son las historias más rebuscadas y difíciles para entonces, anclarme de ellas.

Hay momentos en que la vida pareciera ponerte a prueba, como si te metieran a un entrenamiento militar del amor donde sólo te vas a encontrar con grandes obstáculos, con las peores y más devastadoras frases, con personas que te van a hacer sentir la más humillada de la historia, etc. Aquí es donde mi mente positiva quiere pensar que al final todo será solo eso: un entrenamiento, y que como los soldados de las películas, al final nos las vamos a saber de todas, todas y vamos a resultar victoriosas para cualquier batalla amorosa que la vida nos presente.

Podría ser una buena manera de ver las cosas, pero sé bien que la realidad, por lo menos en mi, no es así porque para empezar, tengo corazón de pollo que me hace andar queriendo a todo mundo como si se lo merecieran; y para continuar, culpo rotundamente a Disney que me llenó la cabeza con ilusiones de finales felices y a Hollywood por sembrarme la idea que la gente cambia, toma decisiones y siempre te terminan eligiendo a ti. Si a mis justificaciones perfectas y trilladas le sumamos que a veces confío de más en la gente y que soy muy débil ante lo que me gusta demasiado, nos da como resultado que el mentado “entrenamiento de alto rendimiento” pues al final no funciona porque siempre termino esperando las mismas cosas, pero de diferentes personas. ¡Mal mi niña, mal!

¿Hasta cuándo se llena el tarrito? O mejor contéstenme esto que tanto me piden mis amigos, ¿cómo se agarra la onda? Si estoy sumergida en una espiral de actos que se repiten infinitamente, saco mi banderita blanca y pido esquina como boxeadora knoqueada para que alguien me rescate.

No puedes dormir, lloras, te duele el pecho, no te da hambre, intentas volver a llorar pero no puedes, se te revuelve el estómago, no te quieres parar de la cama, vuelves a llorar, sientes que ni puedes respirar bien, te repites a ti mismo el odiado “te lo dije”, lloras más… Había olvidado cómo era tener el corazón hecho trocitos…