Feels

Inspiración del ayer

“Si es cuestión de confesar, no sé preparar café y no entiendo de futbol…” Esta no es nada más que la prueba fehaciente de que quien quiere, puede. Que las mujeres enamoradas somos capaces de mover montañas y hasta entenderle al futbol por el susodicho. Quien fuera Shakira, con esa suerte de campeona, para que a pesar de que en su adolescencia no le entendiera al balompié, terminara haciendo bebés con el guapo de un equipazo, cantando los temas oficiales de los mundiales y que aparte, varios futbolistas muy famosos, casi casi le pidieran salir en tus videos.

La vida es así, da muchas vueltas y como dicen, uno no sabe para quién trabaja, donde estará mañana o qué es lo que será de su vida en unos años.Y les cuento esto porque justo es el fin de año el que me pone más reflexiva de lo normal. Me pongo a revisar qué hice, qué logré, hasta donde llegué y cuántas de estas cosas las hice “por amor” o un sentimiento parecido. Mi respuesta es escalofriante y a veces me asusta ser tan aferrada. Perdón, neta perdón a los dañados.

Justo en eso amanecí pensando pues, como les conté en Instagram (@TurquesaSoy) en esta semana tuve un reencuentro con una persona muy especial de mi pasado y que aparte, tenía muchísimo sin ver. Me llenó de alegría verlo y ponernos al corriente de cómo iban nuestras vidas. Me platicó sus hazañas de los últimos años y todo lo que por un amor aferrado había logrado. Les juro que mientras lo escuchaba yo sólo podía pensar “es increíble lo que el amor nos obliga a hacer, a descubrir, a conocer y al final (muchas veces), a darnos en la madre”.

Porque ¡no Walt Disney!, no todas las historias batallosas de amor terminan en un “vivieron felices para siempre”, no todos somos Shakira y terminamos victoriosos con el guapo del equipo. Sin embargo, también en las palabras de esta persona, descubrí su facilidad para que a pesar de que pareciera que en todo momento la vida le negaba la oportunidad de ser feliz, él tomó los mínimos detalles que valían la pena y maximizándolos a lo más posible, encontraba el famoso lado positivo de todo, y ahí, viéndolo con una sonrisa gigante en su cara cuando me decía “entonces me quedé más de un mes sin trabajo, en otro país, en otra cultura y completamente solo, pero eso fue lo más perro porque cuando sufres tanto, valoras más lo que tienes”, fue así que reafirmé una frase que lleva meses rondando por mi cabeza: “La vida es 10% lo que te pasa y un 90% cómo te lo tomas” y para él, todo mi respeto.

Escucharlo y platicarle, también me transportó a la Claudia de años atrás y me extrañé. Extrañé el sentimiento de creer que la vida era muy fácil y que las podía de todas, todas. Me sentí con mucha nostalgia de los viejos tiempos, pero también el hecho de haberme puesto al corriente con él, quería decir que nuestros caminos habían avanzado bastante, que teníamos diferentes maneras de ver la vida, que nuestras ideologías habían cambiado y nuestras expectativas del futuro se habían modificado también. Cuando llegué a mi casa resumí todo eso en madurez, aprendizaje y crecimiento, por lo que me sentí muy contenta. A veces hacer retrospectivas no es sólo crear un top ten de tus mejores momentos, de los mejores viajes, de los peores fails, las mejores fiestas que vivimos año con año, sino separarte de tu realidad y desde una perspectiva mucho más alejada, ver todo lo que caminaste en este nuevo año que te juraste que sería el mejor de tu vida. Es darte cuenta qué concepto tenías de ti mismo el 1 de enero y lo que te define el 31 de diciembre. Es saber todas las cosas que ya no sientes igual que hace 365 días atrás. No es pensar en lo material, sino todo lo que como persona evolucionaste en una vuelta al sol y con eso, tomar vuelo e inspirarte del ayer. O por lo menos, eso pienso yo…