Colaboraciones, Feels

Ganas de alguien, pero no tanto

Texto por: Mariana Valenzuela

A veces se me antoja enamorarme otra vez. Sin reglas, sin restricciones; así como cuando estaba en secundaria o en prepa y me entregaba a lo pendejo. Ahorita es uno de esos momentos. Creo que porque ando hormonal o porque el clima está nublado, frío, llueve seguido y a pesar de eso mi colchón hace honora su categoría y sigue individual; sigo usándola sólo para mí.

Tengo ganas de encontrar alguien que aguante mis cursilerías y mis berrinches, que me cargue de tuntuchi cuando vayamos en la calle, que haga ejercicio conmigo y luego me lleve a cenar. Quiero a alguien que me deje dormir entrepiernada con él cada vez que quiera, a quien pueda despertar con besos traviesos en medio de la madrugada (o al revés, claro); alguien que me desayune en las mañanas para luego bañarnos juntos y hacernos algo de desayunar. Y acabarnos los episodios de nuestras series favoritas, ir siempre al cine, a bailar, a emborracharnos juntos y llegar a morir en la cama.

Tengo ganas de alguien que me haga cerrar Tinder y pelar mi cel nada más para andar de mandilona; de alguien que me aplaque por las buenas y me haga bajarle dos rayitas a lo canija. Pero no, ninguno me convence (y el que lo logró no está).

Sería fácil tener todo eso. Me entrego rápido, no se me dificulta para nada formar lazos fuertes y dejar entrar a mi vida a quien me convenza. El punto está justo ahí: ya entendí que nomás yo tengo la llave pa’ abrir o cerrar ventanita del amor. Yo decido. Y no quiero ni al que es demasiado bueno y aburrido, demasiado niño, ni al que es todo un cabrón. Quiero lo que creo merecer. Sí, lo dije bien: lo que creo merecer.

Tal vez le tiro más alto que a lo que debería según la gente, o tal vez no, pero lo importante es que sé bien lo que quiero: alguien que esté, a quien admire, con quien pueda seguir creciendo; a un mandilón picarón con una pizca de cabrón para que no me aburra, pero que me trate como reina y me vea con los mismos ojitos que yo a él. Dando y dando, pues. Llegar a este punto me costó muchos amores, muchos besos, varios hombres, mas no me arrepiento.

Todo se resume a la frase de The Perks of Being a Wallflower: “We accept the love we think we deserve.” La escuché y me hizo click como probablemente ninguna otra frase en la vida (con todo y que soy mega cursi y siempre veo frases con las que vomito corazones). En ese momento entendí que esas ocho palabras deberían ser mi motto. Acto seguido, me tatué “mériter”, que significa “merecer” en francés, porque la frase está muy larga y pues yolotl, tengo esa palabra (que simboliza la idea completa) en mi brazo derecho, para siempre.

Cuando me doy cuenta que estoy dando mucho de mí a quien en realidad no aporta algo significante a mi vida, mas que tal vez buen sexo y alguien a quien abrazar, volteo a ver mi tatuaje. Es como si mi yo interior me diera una cachetada y me pendejeara. Funciona. Y entonces me dejo de cursilerías, calmo a mis hormonas y vivo el día a día.

El cuerpo a veces reclama calor humano y el corazón uno que otro cariñito, entonces le hago justicia un rato y ya. No pasa de ahí. No porque no quiera que pase, sino porque si voy a animarme a echarme con todo al ruedo otra vez, va a ser con ese alguien que llene toda la lista de cosas que creo merecer y más.

Pero sí, sí tengo ganitas de alguien. De algo bien, que ya me estoy hartando (y estoy muy lejos del mero mero). Mériter y así.

Cabe mencionar que esto lo escribí bajo el efecto del PMS.

Probablemente en dos semanas piense todo lo contrario.

Por lo pronto, ya no uso Tinder.

Texto por: Mariana Valenzuela