Feels

El cambio que no llegará

He escuchado que mucha gente se pregunta “¿por qué rayos a las mujeres les gusta tanto la peli de *3 metros s

obre el cielo* si él es bien agresivo y no le tiene nada de respeto a su novia?”. Hubo una mañana en la que de verdad me puse a pensar qué es lo que me gusta tanto de esa película que me hace querer verla cada que veo o escucho el título. Fácil y sencillo: es la maravillosa historia de la niña bien que cambia al chico malo.

Y es que la neta las mujeres (está mal generalizar pero a muchas, muchísimas, sí nos ha pasado), no sé en qué rayos pensamos, pero cuando conocemos a un niño muy cabrón o muy rudo, creemos que cuando esté con nosotras todo eso cambiará y nos será fiel y entonces todas las demás morirán de envidia porque nosotras fuimos su excepción. Pero, ¡ooooh triste realidad!, basta que pasen algunos meses, semanas, días, el tiempo que sea, para entonces sí, caer más rápido que Felix Baumgartner desde la estratosfera y azotar sin paracaídas en el suelo, dándonos cuenta que pues nada, somos iguales a las otras, nunca fuimos la excepción, nos tratarán igual que a las demás y ellos no cambiarán por nada del mundo.

¿De verdad es tan difícil para nosotras hacernos a la idea de que si así los conocemos, así se van a quedar? ¿Cuál es el afán de querer convertirlos en lo que nosotras idealizamos? ¿Por qué si ya estamos viendo cómo es él, decidimos meternos “haber qué logramos”?

Yo no niego que eso pueda pasar, sí, sí pasa y yo lo he visto. Ya sabes, la amiga que encuentra al niño que era un cabronsito por la vida y se topó con ella que lo trató con la misma “dinámica” y ¡boom! cayó  y ahora son la pareja más perfecta bla, bla, bla. Pero darling, son como la aguja del pajar y no sé, pero yo siempre he creído que para que alguien cambie, ese alguien tiene que querer cambiar, sólo así sucederá, no por nuestras caritas lindas o superpoderes imaginarios.

Sin embargo, es increíble todo el tiempo que perdemos creyendo que seremos las heroínas de la historia, la Babi de la película y que nuestro Hache se quedará con nosotras, cual perrito bien portado, aquí, al ladito. Vivimos ideando todo tipo de plan para hacerlo caer redondito o peor aún imaginando cómo vamos a pasar enfrente de todo mundo súper orgullosas de nuestro logro, agarradas bien fuerte de su brazo. Mal mis niñas, estamos mal.

Esto, por supuesto, no sólo nos pasa a las mujeres pues me he dado cuenta que en los hombres es una situación similar, entre más retorcida y complicada sea la situación con la susodicha en cuestión más se clavan, más se quedan, más intentan.

Qué cosas tan raras pasan en la vida ¿no? De verdad que cómo nos gusta sufrir, batallar, complicarnos la existencia. Pero también si no hubiera por qué luchar, ¿qué sentido tendría nuestro día a día?

Nada que valga la pena es fácil, sólo hay tener bien claro lo que sirve para crecer y lo que no.