Feels

¿Cuánto duran tus para siempre?

“Tengo ganas de dejar de pensar tanto y empezar a sentir mucho” No pude encontrar frase más exacta para lo que me pasa en estas épocas y es que Lucía tiene tanta razón en taaantos aspectos, que me sorprende y lo hace cada vez más. No me da pena decir que por ella me animé a escribir, al contrario. Ella me impulsó a no solo expresar mis sentimientos sino compartirlos, porque posiblemente en algún lugar del mundo siempre habrá alguien que se identifique contigo y ame lo que haces, o en este caso escribes. Sí, sí hablo de Lucía Orozco o mejor conocida como Lucía la de Flor. Esa a quién mientras leo le digo Luchis como si ya fuéramos amigas de toda la vida. –Por la inspiración, gracias-.

Ahora sí, regresando al tema de la frase de Lucía, un día mientras manejaba de regreso a casa y escuchaba una canción más melosa que un panal de abejas y me encontré con algo realmente terrible: ya no creo en que las cosas duren para siempre. Y es que cuando uno es joven/puberto y tiene un novio, sientes que lo amas, que se van a casar y van a tener un familión tremendo y durarán los siglos de los siglos, amén. Pero no, es tu misma juventud que te engaña y aunque no lo parezca, siento que es algo muy lindo creer que conoces el amor a tan corta edad. Pasa el tiempo y sientes que has madurado más, te vuelves a enamorar asegurando que ese sí es el indicado y hasta te imaginas fotos con tu primer hija abrazados todos de Mickey Mouse en Disney ¡teniendo apenas un mes de relación! Terrible, pero encantador al mismo tiempo, porque la inocencia de los primeros meses de enamoramiento siempre va a ser padrísimo. 

Pero hoy, luego de vivir todas esas cosas y unos cuantos tropezones más, tengo miedo de nunca volver a tener esa inocencia, de nunca volver a sentir que quiero a alguien para toda la vida. ¿Cómo voy a estar segura de quererlo para siempre del otro lado del colchón? ¿Y si cambia mucho su forma de ser? O peor aún, ¿si yo cambio y ya no me gusta su forma de ser? Me ha pasado con muchas personas y aún no logro descifrar si soy yo o ellos los que mutamos, pero de que hubo una transformación, la hubo. ¿Cómo le hacen mis abuelitos que a pesar de más de 60 años de casados todavía parecen amarse? Puede ser muy patético, pero encuentro la respuesta en la canción de Rocío Durcal y como ella, a veces también estoy segura que “la costumbre es más fuerte que el amor”.

 Qué bueno que no tengo que atravesar el terrible camino que podrían significar todas esas preguntas en este momento. Me gustaría sentir la sensatez de las parejas de mi edad que al tener un bebé sin planearlo, deciden estar juntos “para siempre”, ¿no se sienten muy jóvenes para tomar una decisión de semejante tamaño? ¿Pensarán en qué pasará con su bebé si luego de los años ya no se llevan bien? ¡Qué difícil!

Sin embargo, también existe mi Claudia soñadora que tiene esperanzas de que llegue alguien que mueva todo y que por alguna reacción química le ayude a cambiar su forma de pensar, que la convenza que no todo es efímero, que aunque los amigos, la escuela, los romances, los viajes, el trabajo, el agua, las esperanzas, hasta la misma vida se terminen; el amor que él le brindará le quitará cualquier miedo, y entonces Claudia, amará desmedidamente.

Mientras tanto me mantengo fría, incrédula, dura y con cara de fuchi ante cualquier demostración de amor. Haciendo uso de mi ya muy hábil mecanismo de defensa.