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¿Cuándo ya me vales?

Es bonito el amor, el enamoramiento y hasta el “apendejamiento” de cuando te gusta alguien, esa padrísima etapa color de rosa donde un ciego, ve más que uno cuando de cachar los defectos del humano en cuestión se trata. Pero sin duda, es mucho más bonito el desencanto, el saber que se te cayó la venda de los ojos y que al susodicho lo dejaste de ver como figura divina y ahora lo ves justo como a cualquier mortal normal. Incluso, más corriente que común (para los ardillas).

Esa deliciosa etapa cuando ya eres capaz de verle todos los defectos y con cinismo preguntamos a la gente “¿cómo no me lo dijiste antes?” y solo voltean a verte como 😒 ¿es en serio?. Eso señores, eso lo he disfrutado mucho más que la etapa que los científicos dicen que dura 3 meses, o sea el enamoramiento.

Digo, hace como desde la época de los dinosaurios que no me enamoro bonito y de verdad, pero atarugamientos, he tenido por montones y créanme que esa deliciosa sensación de haberte librado del hechizo “amansa mensos” y saber que gracias a eso ahora ves objetivamente la situación con la persona en cuestión, es ameeeeizin, daliiishus. Por esa razón me decidí a hacer una pequeña lista de las 5 señales con las que puedes identificar que el desencanto milagrosamente, ha llegado a tu persona

  • 1. Ese momento cuando ves una foto de la persona y piensas “mmmm equis” o “ay, como que ese corte no le queda bien” y antes te torturabas pensando que ¡cómo era posible tanta perfección en una sola imagen! o ¿cómo era posible que esa sonrisa no lo convirtiera en alguna deidad?

  • 2. Cuando un día de la nada, te das cuenta que tienes equis tiempo sin stalkear al sujeto en cuestión y sigues entera, cuerda, sin enojos, ni autodramas. ¡HERMOSO!

  • 3. Vuelves a leer los mensajes, -porque obvio dejaste la conversación en la parte de archivados- y le encuentras sentido a las frases “estás intenseando”, “He’s not that into you, darling“, “Le estás dando más amor del que merece”, “Let him go” que tus amigas tanto repetían y que la aferración no te dejaba ver.

  • 4. Cuando te cuentan o escuchas que alguien dice algo de él y no te vuelves loca con preguntas como “Pero, ¿cómo te lo dijo? o sea, ¿en qué tono? ¿Quién más estaba?”, etc, etc., que todas, TODAS, aplicamos cuando nos mata la incertidumbre.
  • 5. Y  la prueba final, cuando te vuelves a encontrar con esa persona -y aunque probablemente aún se te sigan cayendo los calzones y se te baje la sangre hasta los pies al verla-, ya no pierdes el control y puedes seguir tu vida con normalidad sin practicar el desgastante overthinking de todo lo que pudiste haber hecho o dicho.

Este bendito desencanto, es casi tan rico como cuando haces del baño después de mucho tiempo aguantándote (já). Es realmente liberador y reparador llegar a ese punto en donde vuelves a darte cuenta que a veces ir por la vida regalando tu energía a cualquier persona, puede ser una situación que te lleve a un desgaste emocional muy fuerte y lo peor, completamente en vano