Feels, Storytime

Aviso de ocasión

Cuando tu vida amorosa se pone más cómica que una película de Adam Sandler con Rob Schneider, de eso que ya no sabes si reír, llorar o llorar de risa; después de las lamentaciones colectivas de tus amigas y de frases como “son cosas que sólo te pasan a ti“, “es que en serio, ¿de dónde sacas a tus galanes?“, “¡no puede ser! ¿Otra vez la misma historia?“, viene la pregunta del millón: ¿qué es lo que tú quieres, qué buscas? ¡boom! Ah pa’ preguntita. Y la verdad es que mi respuesta había estado siendo constante, sin “complicaciones” no sé, sólo quiero pasarla bien, les decía. Y sí, sí la pasaba bien pero al final también siempre terminaba con más rasguños que en una catfight con Niurka. 

Un buen día y ya medio cansada de estar repite y repite el patrón de galanes con lo que me he topado en mi tiempo de soltería, me clavé en una platica conmigo misma y me puse a averiguar cuáles son las características que un niño debería tener para entonces sí, aventarme a la aventura de una relación y dejar atrás los jales lastimosos. (¡Ay, qué fuerte!) 

Con ustedes, los requisitos para ocupar la vacante:

– Se busca un crush que me mantenga interesada en él. Que a la tercer salida no me aburra y que sus pláticas no se vuelvan sosas.

– Se busca un date que lo suyo, lo suyo, sea la creatividad, que no aplique la nefasta “vamos a donde tú quieras” “hacemos lo que tú digas”, sino que la iniciativa y la lluvia de propuestas sea el pan nuestro de cada cita. 

– Se busca un hombre que sea experto en el arte del “estira y afloja” durante la conquista. Que no me dé toda su atención, pero que tampoco me ignore. Sí, lo sé. es complicado pero un caballero sabe bien de lo que hablo.

– Se busca un hombre con alto sentido del humor. Que sea alburero, pero no para faltarme al respeto, sino para que entienda cuando yo sí se lo quiero faltar. Que conozca el sarcasmo pero que también pueda soltar la carcajada con bromas más blancas que la nieve de Los Alpes (nunca he ido, pero me imagino). Que aguante escucharlas críticas SIEMPRE constructivas (sí, ajá) que las mujeres emanamos hacia otros habitantes del planeta y si se quiere unir aunque sea con risas, mejor.

– Se busca alguien que me acompañe en mis días, sí los 30 o 31 del mes, y esos también. Que entienda que no siempre estaré de buenas, que prefiera las llamadas a los mensajes, pero que también sepa utilizar la magia que tienen las palabras escritas cuando pueden ser guardadas. Que disfrute de hacer ejercicio y me motive a mantenerme sana, que ame los postres, que me regale libros, que no le enfade tomarse fotos, que me comparta de su música, que le encante viajar y tenga lugares nuevos que mostrarme, que ame los perros. que entienda que mi cabeza va a mil por hora y cambio de tema a la velocidad de la luz. 

– Se busca un amor de novela, de esos donde la chacha (yo), se enamora del guapo millonario y él le corresponde su amor sin importarle nada. Ja! No, la neta no. Lo que sí se busca es un amor correspondido, alguien que quiera querer con la misma intensidad y compromiso que va a recibir, que despierte ese lado detallista/cursi que todos tenemos cuando valemos madre a.k.a. cuando nos enamoramos.

– Estoy en busca de alguien que me ponga el mundo de cabeza como el patán que tanto me enloquece, pero que me trate como el que mandé a la friendzone. No quiero alguien que me haga sentir “la catedral”, sino la única. Alguien que me demuestre quererme en su vida poniéndome en ella y no haciéndome pelear por estar ahí.

En fin, con un poco de miedo confieso que tengo ganas de enamorarme de alguien que sepa querer bien y bonito. Alguien con quien compartir mis gustos, aficiones y metas. Con quien mostrarme transparente, no me vuelva vulnerable, que no me de miedo hacerle saber lo loca que estoy, lo intensa que puedo ser y en lo muuuuy melosa que me puedo convertir.

Quiero no tenerle miedo al amor.